Muchas veces nos olvidamos que la Ermita
de San Zoilo, al igual que otro tipo de monumentos afines,
acumulan sobre sus cimientos la pesada carga de los siglos.
Cuando estemos ante ella, siempre tendremos que tener
presente que lleva allí desde comienzos del siglo XIV. Ahí es nada. Asimismo, tampoco debemos olvidar que el
paso del tiempo siempre pasa y nos pasa su implacable
factura.
Si uno se acerca a San Zoilo y la observa
con detenimiento podrá observar a las primeras de cambio una
serie de agrietamientos en su fisonomía. A fecha de hoy, se
tienen identificadas algunas de estas grietas exteriores no
sólo en el muro este, encima de la cabecera del ábside, sino
también en otras partes del interior del recinto,
especialmente en la parte superior de la puerta de entrada
en la confluencia del muro este con la bóveda. Su razón
principal se debe a los asentamientos
estructurales propios y normales de un edificio de estas
dimensiones.
En este sentido, una de las grandes
preocupaciones de nuestra Asociación ha sido
desde siempre esas grietas que se localizan en el tímpano de la portada
del templo,
tal y como se observa en la imagen que adjuntamos. El riesgo de un inminente
derrumbe de esta parte del pórtico es altísimo y no es, bajo
ningún concepto, incurrir en catastrofismos si insistimos en
la urgente necesidad de poner una solución.
De ahí que consideremos, primero, hacer
un exhaustivo estudio técnico por especialistas en la
materia y, segundo, encontrar una solución definitiva en el
caso de que así se dictaminara.
Sería grave, muy grave, que se desplomara
esta parte del pórtico de la ermita, cuyo daño sería
sencillamente irreparable por más intentos de reconstrucción
que se hicieran posteriormente. La advertencia está hecha y
la evidencia salta a la vista.
Por eso, desde esta página instamos
nuevamente, bien al Ayuntamiento de Cáseda, bien la
Institución Príncipe de Viana, a que se ocupen de estas
grietas que parten en dos el tímpano de la portada de la
Ermita de San Zoilo y se pongan las soluciones pertinentes.
Sería,
sencillamente, imperdonable que nos dejásemos caer este
valioso
tímpano. Si esto sucede, esa responsabilidad no habría que
achacarla únicamente al paso de tiempo.